As dúas Marías

Parque de la Alameda
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Maruxa, Coralia, Sarita, Mauel, Alfonso, Antonio, etc. Fueron trece los hijos e hijas que tuvieron en Compostela Arturo Fandiño y Consuelo Ricart, pareja de artesanos, oficio tan frecuente en aquel Santiago de principios del siglo XX. Él, zapatero, con obrador en la Algalia de Arriba, nº 32. Ella, costurera y bordadora, con taller en su propia casa, en la calle del Espíritu Santo, profesión que aprenden y comparten, también, sus hijas. 

Sus hermanos Manuel, Antonio y Alfonso fueron destacados dirigentes y líderes de la CNT, organización que en el año 1925 traslada a Santiago su sede regional y de la que Manuel Fandiño, de oficio pintor, es el secretario general. Su juventud se alimentó del clima de animación y esperanza que se vivía en Santiago: cuando las hermanas Fandiño salían a la calle a pasear vestidas con ropa hecha en casa, con telas de colores, alegres y vivas como ellas, los estudiantes galleguistas y republicanos las llamaban “libertad, igualdad y fraternidad” y los estudiantes de derechas, de la CEDA, “fe, esperanza y caridad”. Pero este sueño revolucionario se ahogó en sangre el 18 de julio del año 1936. La sublevación militar franquista y la represión feroz llegó a la familia Fandiño Ricart.

Las llamaron “rojas”, las trataron de “putas”. El trabajo desapareció como medio de sustento y de dignidad; y el hambre estuvo presente diariamente en sus vidas a partir de entonces. Continuaron viviendo en la rúa do Medio, en aquella Compostela de los años 40, 50, 60 y 70, donde sólo había oscuridad, miedo y silencio, mucho silencio. El triángulo mortal e inquisidor que formaron Falange, Iglesia y Ejército en el franquismo triunfante tras la guerra hizo pedazos su fragilidad y su cabeza rompió como el cristal.

Encarna Otero

Con el paso de los años, la historia de las dos hermanas Fandiño cayó en el olvido, hasta que el vecino César Lombera consiguió convencer en el año 1994 al entonces alcalde, Xerardo Estévez, despues de nueve años proponiendo al Ayuntamiento, para que instalase una escultura en su recuerdo. Ésta, realizada por el propio César Lombera, consistió en una reproducción realista y policromada de las dos mujeres durante sus famosos paseos basada en la foto más conocida de las dos hermanas, con Maruxa a la derecha, con el brazo estendido, y Coralia sosteniendo un paraguas. La obra fue situada en la Alameda, lugar donde a día de hoy permanece. Desde entonces, la escultura es una de las más conocidas de la ciudad, tanto por la curiosidad que despierta entre los y las turistas como por servir de punto de encuentro para los y las compostelanas. Con frecuencia se fija como lugar de salida de manifestaciones.